Martes 17 de Octubre de 2017


En el colegio y la casa: Las necesidades afectivas de los niños
Soledad Torres D.
Escuchar, acoger, jugar, abrirlos al mundo, hacerlos sentir seguros y darles cada vez mayor autonomía, son algunos de los requerimientos a nivel emocional que tanto padres como profesores deben procurar a los alumnos.

Publicado: Viernes, 3 de Septiembre de 2004

El buen desempeño escolar de un niño no sólo depende de sus hábitos de estudio, de que tan inteligentes sea o de la calidad del colegio al que asiste. Existen factores más determinantes que sin embargo muchas veces pasan inadvertidos: la satisfacción de las necesidades afectivas de los niños.

La doctora Amanda Céspedes, neurosiquiatra infantil y especialista en salud mental del escolar, explica que proveer las necesidades afectivas estimula tanto la inteligencia emocional como la intelectual. Por eso, si uno quiere desarrollar el intelecto de los niños, se debe partir desde los afectos. El problema es que muchos padres creen que es al revés, y es por eso que tenemos tan altas tazas de desempeño mediocre en lo intelectual.

La sicóloga infantil y magíster en Educación, Neva Milicic, sostiene que en muchos casos el rendimiento académico de los niños puede verse afectado por ciertas carencia afectivas. Un niño deprimido es menos productivo, poco eficiente, tiene menos energía y seguridad. Y si está ansioso es probable que se bloquee. Por el contrario, hay menores que cuando carecen de estos afectos se refugian en el aprendizaje, pero eso tampoco es bueno para su felicidad. La especialista advierte que si bien estos efectos son comunes, siempre hay matices, pues también habrá casos en los que el rendimiento no decae.

Este análisis hace necesario identificar cuáles son las principales necesidades de los niños. Neva Milicic explica que necesitan de vínculos afectivos sólidos con personas estables con las que puedan hacer el apego, es decir, personas que estén disponibles para acompañarlo, para regalonearlo, alimentarlo. Deben ser de figuras percibidas como muy nutritivas y presentes, y necesitan tener una rutina razonablemente predecible en la relación con ellas. También requieren ser escuchados, pero no sólo con los oídos, sino también con la intuición. Hay que estar atenta a sus necesidades, y decodificar sus señales cuando las carencias no son explícitas.

Otra necesidad es jugar, pues los niños necesitan explorar, divertirse, reírse, y eso se mantiene en el curso del desarrollo. Requieren, además, estar con otros niños, ya que los vínculos con pares son importantes para el aprendizaje socioemocional. Asimismo, es importante mostrarles el mundo, lo que no sólo tiene que ver con una estimulación cognitiva, sino que demuestra un interés genuino del adulto por el menor, lo que contribuirá al desarrollo de su identidad. Por último, deben ser escuchados cuando cuentan sus cuentos, y no interrumpidos, ya que eso los valida y los hace sentir mejor consigo mismos.

A éstas se suman la necesidad de aceptación incondicional de parte del adulto que es significativo para el niño, el respeto, valoración, asistencia y seguridad. Los niños necesitan sentirse protegidos, pues siempre hay incertidumbres y miedos que pueden hacerlos vulnerables emocionalmente. Por obvio que parezca, tampoco hay que olvidarse de lo importante que es la expresión explícita del amor. No a todos los niños se les expresa el afecto que se les tiene, y ellos requieren que el amor sea evidencial.

La doctora Céspedes añade que junto a estas necesidades generales, existen otras que se presentan según la edad de desarrollo. De los 0 a 5 años, requieren de protección y de la garantía de que no corren riesgos. De los 6 a 12 años, necesitan que los adultos estén dispuestos a darles autonomía, pero protegida, ya que todavía no están tan grandes como para enfrentar situaciones que pueden hacerlos sentir desamparados.

La especialista advierte que en esta etapa también es importante asegurarles la posibilidad de ser escuchados y acogidos en sus momentos difíciles, cuando están asustados porque los vayan a retar o castigar, o cuando se sienten inseguros.

Finalmente, de los 12 a 20 años la necesidad más marcada es la del respeto por una autonomía que aumenta. A esta edad los jóvenes quieren salir solos, y que sus padres confíen en ellos.

El rol de los profesores

Neva Milicic asegura que mientras más adultos haya a disposición en una actitud positiva hacia el niño es mejor. En ese sentido, se debe asumir que la satisfacción de estas necesidades no sólo corresponde a los padres, sino también a los profesores. No en vano pasan tantas horas al día con ellos.

Es evidente que la relación con el profesor es distinta a la de un padre, pues tiene que estar con otros 30 alumnos, pero en el desarrollo de intereses de los menores la presencia de un profesor puede ser muy importante. Son los primeros en evaluar productivamente a los niños, lo que puede hacerlos sentir competentes o incompetentes en lo académico. Si el educador reconoce el esfuerzo de un niño, está respondiendo a una necesidad afectiva y ayudando a construir identidad de una manera muy significativa. Y mientras más vulnerables son los sectores sociales, más importante es la figura el profesor.

A juicio de la doctora Céspedes, los docentes tienen un rol tan importante como el de la familia. Así, la educadora de párvulos debe cumplir a cabalidad un rol casi de mamá sustituta, en donde no sólo forme al preescolar, sino que también lo cuide, atienda y escuche. Por su parte, el profesor de primer ciclo debe darse tiempo para conversar con los alumnos, y no olvidarse de mantener el equilibrio entre dejarlo hacer y guiarlo. En la adolescencia es cuando más cerca de los alumnos deben estar los educadores, y por lo general es cuando más se alejan. Esto, porque el sistema escolar chileno favorece la impersonalidad, con docentes de asignatura que entran y salen del aula, y cursos muy numerosos. Es complejo, además, la incapacidad que muestran muchos de escuchar a los chicos desde el principio de la buena fe, y que no basta con oír, pues también es importante acoger y colaborar en la búsqueda de una solución.

En este sentido, uno de los aspectos más complejos de cumplir este rol es que muchas veces los niños no verbalizan lo que necesitan, y es más bien el adulto el que debe decodificar sus señales. No quedarse en las actitudes, sino interpretarlas. Según Neva Milicic, precisamente esa es una de las mayores deficiencias de la formación docente inicial. No se los forma en el desarrollo de habilidades para un aprendizaje socioemocional. Aun cuando es importante que sepan, por ejemplo, detectar crisis e intervenir en ellas, de forma tal que puedan ser vividas como una oportunidad de crecimiento.

¿Y los padres?

Más allá de los avances en el colegio, los padres no deben sentirse satisfechos, ya que en la casa también hay mucho que mejorar. La doctora Céspedes aclara que existen varias razones que explican la falla de omisión de las necesidades afectivas en este caso: la falta de tiempo de los padres, que llegan a la casa a atender cosas más contingentes y casi no conversan. Además, están convencidos de que su misión es disciplinar a los niños, lo que es un error, ya que la tarea es conducirlos a ser personas integrales y equilibradas. Y por último, están más preocupados de que sus hijos tengan éxito, dejando de lado la realización de los dones personales.

Advierte, además, que hay que tener cuidado para no caer en el extremo de la sobreprotección. Algo típico en las mamás, que a veces pasan por alto ciertos errores de los hijos, y los minimizamos por amor, sin considerar que eso puede generarles problemas a los niños a futuro. Lo mejor es buscar el equilibrio, y en esa tarea hay que detenerse a pensar en cómo se dicen las cosas. Se debe evitar decir lo negativo a través del verbo ser. Por ejemplo, decir has hecho una tontería, y no eres un tonto. Si se lo dicen tantas veces el niño se va a terminar convenciendo de que lo es.

Y agrega que los ambientes emocionalmente protegidos y seguros deben ser complementarios, es decir, lo que se hace en casa ojalá se siga aplicando en el colegio. Reconoce también que un niño muy nutrido en lo emocional en su hogar es probable que resista mejor un ambiente hostil o frío en el colegio. Y que uno que sufre mucho la negligencia afectiva en su casa, el acceso a profesores cálidos puede ser como un bálsamo que le ayude a no sucumbir.

Finalmente, las especialistas llaman la atención en que aquellos colegios y padres que quieran mejorar o revertir una mala situación académica, no se esfuercen tanto en poner más horas de estudio ni mayores exigencias, sino qué se preocupen de que está pasando con los niños en lo afectivo.

Negligencia emocional

Descuidar lo que los niños necesitan en el plano afectivo no sólo perjudica el rendimiento en el colegio, sino que altera el desarrollo de su personalidad.

Los niños siempre esperan encontrar adultos acogedores, y nutrirse desde el punto de vista afectivo en todas partes. Y cuando no lo encuentran reaccionan con desconcierto y pena primero, y luego con resentimiento. Rabia de no recibir lo que ellos intuyen que es su derecho, y eso genera mucha frustración. Y es sabido que este clima va a afectar el desarrollo de su personalidad, y también su desempeño intelectual.

La sicóloga infantil Neva Milicic explica que los efectos de una negligencia afectiva dependen mucho de la historia previa del niño, y de ciertos factores individuales. Esto, ya que existen personas más resilientes, es decir, que a pesar de situaciones muy adversas logran superar las dificultades, aunque siempre quedan cicatrices y son dolorosas.

Agrega que uno de los temas centrales en la vida es lo que uno construye como identidad, y eso se hace en la infancia y la adolescencia. Es decir, quién eres, qué eres y cuál es tu misión. Y en esto todos los adultos que participan en la vida de los niños cumplen un rol muy importante, incluidos los profesores y los medios de comunicación.

Por su parte, Amanda Céspedes insiste en que no hay posibilidades de salir adelante en lo cognitivo si no se está bien en lo emocional. Si el niño está mal en sus necesidades afectivas, no va a poder rendir. El recibir una adecuada nutrición en este ámbito tiene gran impacto sobre el desarrollo intelectual, especialmente sobre las habilidades más elaboradas del intelecto. Promueve el pensamiento abstracto, flexibilidad intelectual, y también es muy relevante para la motivación y el interés de los chicos por aprender. Tiene que ver también con el control de las emociones; estos chicos son mucho más equilibrados, ecuánimes y pacifistas.

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