Sábado 24 de Agosto de 2019


¡A reformar la enseñanza del urbanismo!
Jonás Figueroa


Publicado: Jueves, 16 de Septiembre de 2004


Por Jonás Figueroa, urbanista y profesor Universidad Santiago de Chile

El debate al alero de la modificación de la Ley de Urbanismo y Construcción deja a la vista las roturas del aparato urbanístico de nuestro país. También, la urgente necesidad de reformar la enseñanza del urbanismo.

Un urbanismo que se queda en el registro de los fenómenos socioeconómicos o físicos, o de cualquier otro origen, y que no avanza hacia propuestas espaciales concretas que corrijan los conflictos por ello promovidos, es poco urbanismo.

¿Y cuánto de este urbanismo se encuentra presente y es producto de los cursos impartidos por nuestras facultades de arquitectura?

Algunos de estos cursos se quedaron pegados en la ciencia higienista del XIX. Otros, en la planificación prohijada por la Alianza para el Progreso de los 60. Unos cuantos aún divagan por entremedio de los postulados del Hábitat de Mon-treal, sin percatarse de que los asentamientos humanos son algo más que cifras.

Son espacios de vida.

A punta de teorías

Mientras, desde los ventanales de los organismos internacionales, el mundo sea un abanico de barrios ricos y barrios pobres, cada vez más pobres; mientras los 5 mil dólares al mes por funcionario estén a salvo, qué importa si el discurso y el método son los mismos de hace 50 años. A punta de teorías falaces, construimos una ciudad seca que se nos inunda en cada lluvia. A punta de planes sin estrategias, construimos carreteras de alta velocidad y, sin embargo, la ciudad sigue siendo una madeja sin punta ni atajo. Una urbe con miles de calles, pero sólo con cuatro arterias útiles para ir desde un extremo a otro.

Entonces, ¿cuál es el urbanismo posible como asignatura de enseñanza de las facultades de arquitectura?

Rol único

Durante décadas, el mito de la transdisciplinariedad obligó a los arquitectos a estudiar lo inestudiable: legislación, economía y otras tantas disciplinas.

Sin llegar a ser abogados ni economistas, en el camino olvidaron que eran arquitectos. Por querer ser multidisciplinarios, se marcharon detrás de un par de piernas y, al encontrase de frente con el problema, se dieron cuenta de que donde faltaba lo fundamental, algo sobraba. Pasamos desde el plano al plan y desde la urbanización al urbanismo sin estación intermedia.

Debemos hacer un esfuerzo para que la maquinaria urbanística sea construida por expertos; que el aparato legal lo resuelvan los abogados especialistas en legislación urbanística; que el urbanismo entre y se quede en las escuelas de medicinas, con el fin de estudiar y corregir los complicados y también desconocidos efectos sobre el organismo humano de esta urbanización salvaje y desenfrenada que hoy nos asuela. El arquitecto que se dedique a lo suyo: la fábrica proyectual.

El urbanismo y también la arquitectura deben entrar como materias de estudios en la enseñanza media, para formar en el niño de hoy al ciudadano de mañana.

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