Jueves 19 de Septiembre de 2019


Opinión: ¿Sobrevivir o convivir?
Olga Segovia


Publicado: Jueves, 21 de Octubre de 2004

Las transformaciones de la vida urbana se expresan en nuevas formas de habitar y pensar la ciudad. ¿Cómo interpretamos esos cambios? ¿Qué estamos percibiendo de la ciudad real? ¿Cuál es la ciudad que querríamos?

Hoy es un lugar común decir que en nuestras ciudades la gente se siente insegura. Y ante esta amenaza, la reacción "natural" parece ser no exponerse, refugiarse en lugares privados: la casa bien enrejada, el barrio cerrado, vigilado y bien alejado. Como si todo lo que contiene una casa o el entorno inmediato alcanzara para hacer satisfactoria la vida.

Así, en un ambiente de construcción colectiva de inseguridad se abandona el espacio público, se dejan de lado la solidaridad, el interés y respeto hacia los "otros". Se pierden los espacios de interacción social, los lugares donde se construye la identidad colectiva. Sin embargo, como dijo el alcalde de Génova, Giuseppe Perico, en el Forum de Barcelona, "la identidad cultural de la ciudad es fundamental en un mundo moderno en el que la globalización pretende que todos
seamos consumidores y no ciudadanos".

Me niego a asumir la desconfianza como forma de vida social. Es necesario debatir en torno a una ciudad que no refuerce la exclusión permanente, y construya nuevas formas de relacionarse que ahuyenten el fantasma del miedo. Una mayor y mejor convivencia social está vinculada estrechamente a la apropiación del espacio público por la ciudadanía. Por tanto, es central preguntarse cómo resguardar (y no destruir, por temor) los lugares colectivos de encuentro, patrimonio e identidad. El urbanismo puede contribuir a reforzar dinámicas sociales integradoras: marcar simbólicamente el territorio, proponer una arquitectura con múltiples usos que refuerce la vida colectiva y favorezca la diversidad y la mixtura social. En estos días, en el Forum de Barcelona, el arquitecto catalán Manuel de Solà-Morales ha manifestado que "el peligro máximo de nuestras ciudades no es la dispersión o la congestión, sino la segregación".

Esta última entendida como la consolidación en paquetes de funciones que tienden a cerrarse en sí mismos, creando espacios para ricos y pobres, zonas de oficinas y zonas de viviendas.

Estas ideas no constituyen un argumento nuevo en favor de la superposición de funciones en la ciudad. Más bien tienen una larga presencia en el urbanismo contemporáneo. En 1961, Jane Jacobs, la legendaria experta en ciudades, argumentaba que la preservación de la seguridad es más probable en espacios en que la diversidad de usos del territorio es mayor. Por tanto, conversemos de estas cosas pensando que la seguridad en las ciudades no es sólo asunto policiaco. También es convivir.

Por Olga Segovia, arquitecta, investigadora de SUR Profesionales Consultores

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