Viernes 24 de Mayo de 2019


Desarrollo biotecnológico: A, T, C y G: Las letras para el crecimiento de América Latina
Por Rodrigo Martínez *
Incentivar a alumnos a estudiar bioquímica, agronomía o física aplicada es muy importante, pero lo es aun más crear los puentes para que el esfuerzo y conocimiento de estos estudiantes se posicionen cada vez más en el centro de la economía real.

Publicado: Jueves, 25 de Agosto de 2005

Hoy estamos viviendo el inicio de la cuarta revolución tecnológica, la revolución biotecnológica. Aunque esta revolución se gesta con pensadores como Da Vinci, Darwin, Mendel, entre otros, el primer gran paso se da en 1953, cuando Francis Crick y James Watson descubren (basándose en el trabajo de Roslyn Franklin) la estructura del ácido desoxirribonucleico, ADN. Los cuatro químicos que forman el ADN -adenina (A), tiamina (T), citosina (C) y guanina (G)- son los bloques básicos que forman a todos los seres vivos. Nuestro entendimiento sobre, y transmisión de, cómo funciona la vida está empezando a cambiar compañías, industrias, regiones, inclusive estrategias nacionales de desarrollo económico.

América Latina participó en la revolución agrícola, adaptamos conocimientos derivados de la revolución industrial a través de la Colonia, pero prácticamente se ha mantenido al margen de la revolución digital, con algunas excepciones. No hemos entendido que las reglas del juego ya no son explotar más petróleo o cobre, ni vender más vacas o telas; nos estamos quedando muy atrás. Países como Corea del Sur, Singapur, Taiwán eran 4, 5 o hasta 6 veces más pobres que nosotros hace 40 años, y hoy estos países están en el centro de la revolución digital. ¿Por qué ellos sí lo entendieron?

Aunque existen organizaciones e iniciativas como Cimmyt, y diversos institutos de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), en México; Biosidus, en Buenos Aires; Embrapa, en Brasil, o Chile Innova, en Chile, entre otros, que de una manera u otra participan en actividades dentro de o relacionadas con la biotecnología, ninguna de éstas tiene un impacto en la economía real. Es decir, estos esfuerzos aislados no son suficientes, nuestros países no van a crecer de manera sostenida si no diseñamos estrategias nacionales de desarrollo basadas en la innovación y tecnología. Tenemos que invertir en serio para comprar un boleto para participar en la revolución biotecnológica.

Cada ejecutivo o servidor público de alto nivel debería de hacerse las siguientes preguntas: en una economía de conocimientos, lo más valioso es (y no hay que ser genio para adivinarlo) la capacidad de crear y aplicar conocimientos. ¿Dónde están los niños y niñas mas inteligentes y creativos de Chile, Colombia o México? ¿Quién les da seguimiento, becas y apoyo para que lleguen a la universidad? ¿Quién los apoyó para conseguir trabajos bien pagados?

En todas las compañías de biotecnología que conozco en EE. UU., la mayor parte de los científicos y ejecutivos que trabajan ahí son rusos, indios , chinos y israelitas. ¿Por qué no extender el número de visas a nuestros países para que gente bien preparada de estas nacionalidades y otras nos pueda ayudar a arrancar en esta revolución? Hay cientos, si no es que miles, de científicos de primer nivel mundial en India, China, Rusia, y Pakistán, que con una buena oferta de trabajo se vendrían felices a vivir a Santiago, Cuernavaca, o Buenos Aires sin ningún problema.

Incentivar a alumnos a estudiar bioquímica, agronomía o física aplicada en la Universidad Católica, en la Universidad de Buenos Aires o en la UNAM en México es muy importante, pero lo es aun más crear los puentes para que el esfuerzo y conocimiento de estos estudiantes se posicionen cada vez más en el centro de la economía real. ¿Por qué no llevar a cabo más concursos, patrocinados por compañías como Telmex, Codelco o Pemex, donde estudiantes de ciencias, administración y leyes se junten para competir en generar planes de negocio para sus potenciales compañías? ¿Cómo acercar científicos, industria y servidores públicos? ¿Qué apoyo financiero, legal y logístico son necesarios para que estudiantes y científicos puedan patentar más fácilmente sus inventos? En los últimos cinco años, Chile, México, Brasil, Colombia y Argentina juntos no registraron en EE. UU. ni una tercera parte de las patentes que registró Singapur, y ni una vigésima quinta parte de las patentes que registró Corea del Sur. De todas las patentes que se registraron en EE.UU. en los últimos cinco años, tres de las cinco más activas categorías se relacionan con la biotecnología, las otras dos con semiconductores y aparatos.

A, T, C, G son las letras más importantes para el futuro crecimiento económico. Otros ya lo entendieron y van que vuelan. En América Latina tenemos científicos de la talla de los alemanes y de los norteamericanos. Nuestros empresarios pueden ser tan emprendedores como cualquier chino o singapurense, y nuestros gobiernos son tan productivos y corruptos como los tailandeses y holandeses. No hay ninguna razón por la cual no podamos participar en la revolución biotecnológica, pero primero tenemos que entender cuáles son los recursos de poder necesarios para participar en esta revolución y qué tenemos que hacer para generar o adquirir dichos recursos. Esta revolución está sucediendo y cambiando el mundo, con o sin nosotros. No tenemos otra, es nuestra única opción.

FICHA TÉCNICA

Links Recomendados

Instituto Tecnológico Autónomo de México

www.itam.mx

The Boston Consulting Group

www.bcg.com

Centro Internacional de Mejoramiento de Maíz y Trigo

www.cimmyt.org

Biosidus

www.biosidus.com.ar

Empresa Brasilera de Investigación Agropecuaria

www.embrapa.br

Chile Innova

www.innovacion.cl

Oficina de Patentes EE.UU.

http://patents.uspto.gov


* Linceciado en relaciones Internacionales del Instituto Tecnológico Autónomo de México, con una maestría en Desarrollo Internacional en Harvard. Actualmente es consultor de The Boston Consulting Group.

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