Jueves 23 de Mayo de 2019


Programas de estudio en ingeniería : Un ramo que no está aprobado
Pamela Carrasco T.
De la formación de los ingenieros depende, en gran parte, la ansiada inserción de Chile en las grandes ligas mundiales y la llamada nueva economía o era del conocimiento. El tema se está trabajando, pero hay que apurar el paso.

Publicado: Jueves, 27 de Abril de 2006

Todos coinciden en una cosa: no nos podemos dormir en los laureles. Los tiempos cambian, el mundo avanza rápido y hay que estar preparados para competir en nuevos escenarios y con nuevos desafíos. La apertura de Chile a la economía global y la fuerte política hacia otros mercados requieren de profesionales a la altura de las circunstancias. Y los ingenieros son quienes más tendrán que salir a medir fuerzas con sus pares europeos, asiáticos o americanos.

Frente a ese panorama, cae de cajón la pregunta: ¿cómo se han modernizado las mallas curriculares de las escuelas de ingeniería para responder a estas nuevas demandas?

Al parecer el asunto avanza, pero urge apurar el paso.

Más innovación

Ricardo Reich, coordinador del Programa de Mejoramiento de la Calidad y la Equidad de la Educación Superior (Mecesup), reconoce que están preocupados. Por eso tienen un programa para incentivar a las universidades a hacer cambios para el mejoramiento de la educación y por eso invitaron a 10 redes de programas de carreras a que volvieran a estudiar su currículo. "Tenemos que pensar en un currículo con una concepción distinta a la actual, donde todo se basa en la demostración de contenidos, y centrarse en la demostración de competencias para definir perfiles profesionales, según las necesidades del país", dice.

Alguien que tiene experiencia para opinar es Carlos Osorio, ingeniero industrial e investigador del Programa del Futuro de las Comunicaciones de MIT. Considera que el ingeniero chileno es un excelente ejecutivo, "pero si lo que queremos es que creen empresas basadas en innovaciones y conocimiento no apropiable por terceros, que les generarán ventajas comparativas sostenibles en el mediano o largo plazo, estamos mal", y recuerda que muchas de las empresas "innovadoras" que han aparecido últimamente en Chile, son sólo copias de iniciativas que aparecieron antes en Estados Unidos. "Por ejemplo, Bazuca se inspiro en Kozmo; y Casa&Ideas, en Crate&Barrel. Esto no es necesariamente malo, pero yo preferiría ver más empresas como Prospect, Diagnotec, o BioChile".

En la práctica

Juan Antonio Guzmán, presidente de la Corporación de Capacitación y Empleo de la Sofofa, es optimista y dice que él nota de parte de las escuelas de ingeniería una inquietud por nuevos programas que apuntan a formar estos profesionales menos "tradicionales" y más innovadores. Pero de todas formas, le tira las orejas a la academia y pide que se abran más hacia el mundo productivo. "Deberían incorporar profesores part time del mundo de la empresa, para que lleven su experiencia. Tenemos profesionales formados en forma muy teórica, que luego tienen que tomar un tiempo para aterrizar en el mundo real", dice.

Para Osorio, Chile necesita formar ingenieros en torno a capacidades de creatividad, generación de soluciones innovadoras a problemas complejos, diseño y manejo de ambigüedad, y hacer de los estudios de ingeniería un continuo taller de innovaciones. "Se debiera combinar más fuertemente teoría y práctica, y cambiar el foco de que hay 'problemas que resolver', por uno donde hay 'oportunidades que inventar'", dice y menciona como ejemplo a la Universidad Adolfo Ibáñez (UAI).

En 2004, la UAI reformuló todo el currículo de ingeniería y desde el año pasado se está aplicando, porque creen que es absurdo pensar que el profesional actual se forma de la misma manera que el de hace 30 años.

El nuevo currículo está centrado en dos pilares: innovación y emprendimiento. "El innovador no es alguien que conoce la tecnología de las cosas, sino alguien que tiene el entendimiento para detectar una necesidad y responder a través del diseño de un producto o servicio. Por lo tanto necesitamos que no haya una dicotomía entre humanismo y ciencia y tecnología", comenta Alfonso Gómez, decano de la Facultad de Ciencia y Tecnología de la UAI. Y agrega que por eso tienen una fuerte formación humanista.

Junto con revisar los 150 ramos que imparten, se revisó la metodología, el perfil de los profesores, el tipo de alumnos que admiten, las pruebas que hacen, etc. También eliminaron ramos, fundamentalmente aquellos que los alumnos pueden estudiar solos. E incorporaron talleres de ingeniería en todos los semestres de la carrera. "Nuestros alumnos no tienen simplemente un cursito de innovación, sino que están ellos siendo permanentemente los actores y protagonistas de su aprendizaje", dice Gómez.

Fuerte revisión

Las universidades tradicionales también están preocupadas de este tema; aunque a otro ritmo. Desde agosto de 2005, las facultades de ingeniería de la U. de Chile y U. Católica están embarcadas juntas en el proyecto Mecesup para la renovación curricular de la ingeniería.

Pedro Gazmuri, profesor de la UC y uno de los encargados del proyecto, dice que la innovación es un tema crucial. "Nosotros tenemos hace algún tiempo esfuerzos de innovación a través del Dictuc y Genera UC, pero lo que nos falta, y que es parte de este proyecto, es la innovación como tema académico, cómo enseñar innovación", dice y cuenta que lo que más han notado de la experiencia internacional es que la mayor relación entre la academia y el sector productivo es más potente.

Ya están trabajando en nuevas metodologías de enseñanza-aprendizaje, como la enseñanza centrada en el alumno, y también en la evaluación de los procesos de aprendizaje.

Aunque el proyecto está en pleno proceso y los resultados estarán listos de aquí a fines de 2007, tienen algunas luces de cuáles son las necesidades, como una formación en gestión mucho más fuerte. "Esa capacidad, nosotros y la Universidad de Chile la tenemos en nuestro currículo, pero en países como Estados Unidos es cada vez más gravitante. Pasar de un ingeniero muy especialista a uno que tenga estas capacidades que antes no estaban en su formación, como gestión, dirección de proyectos y trabajo con profesionales de otras áreas", dice y advierte que, de todas formas, el proyecto no los compromete a hacer cambios curriculares.

Alfonso Gómez piensa que: "Si no hacemos cambios, la ola del cambio tecnológico nos va a sobrepasar". Carlos Osorio cree que nuestros ingenieros pueden sobrevivir a las olas que nos llegan, y agrega: "Pero distinto es si estamos preparados para un rol un más protagónico en inventar este futuro mundial. Y para que eso pase, dentro de 15 o 20 años, tenemos que tomar decisiones hoy. Y eso requiere tomar riesgos y niveles de cohesión, madurez y compromiso político y económico que no son fáciles de encontrar en Chile".

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