Miércoles 18 de Septiembre de 2019

Biocombustibles en Chile
Los campos nacionales serán fuentes de energía
Daniel Fajardo C.
En enero, la presidenta Bachelet debería tener en sus manos un estudio acerca de la factibilidad para desarrollar biocombustibles en Chile.

Publicado: Jueves, 28 de Diciembre de 2006


Daniel Fajardo C.

Hace dos años no se oía mucho de biocombustibles en Chile. Pero de pronto, en el primer semestre de 2006, comenzó a hablarse de este tema de forma más intensa. El miedo a una crisis energética, producto de la inestabilidad de nuestra dependencia con Argentina y el precio internacional del petróleo, comenzó a gestar una conciencia sobre vías alternativas. Y los biocombustibles salieron a la palestra.

Para entendernos, los biocombustibles se obtienen de la transformación de la "biomasa" mediante procesos químicos, mecánicos y físicos. La leña, el carbón vegetal y los pellets de madera constituyen la biomasa sólida más tradicional. Pero además existen otros tipos de biocombustibles mucho menos contaminantes, como el bioetanol, que se extrae de la fermentación de la caña de azúcar, remolacha, maíz o trigo; el biodiésel, que se obtiene de aceites vegetales como girasol, soya, lino y ricino; y el biogás, correspondiente a la descomposición de residuos vegetales y animales. Incluso de frituras usadas en cocinas de restaurantes.

En un nivel más avanzado están los de segunda generación, como el etanol y los biocombustibles sintéticos, que requieren de técnicas más sofisticadas y que ya se están desarrollando principalmente en Alemania y EE.UU.

Para captar la importancia de este desarrollo energético en el mundo, según el National Resources Defense Council (NRDC), tomando en cuenta sólo la producción de biocombustibles provenientes de la celulosa y sus derivados, se podría solucionar el 30% de las necesidades de combustibles mundiales automotrices para 2050.

En Sudamérica, Brasil es el que lleva la delantera en este aspecto, con tremendas inversiones en cultivos de caña de azúcar para bioetanol. Le sigue Argentina, que ya tiene un plan para aprovechar sus cultivos de soya en la producción de biodiésel.

La bioagenda

A principios de año, la empresa Iansa, una de las principales productoras de azúcar de remolacha del país, se juntó con sus pares de ENAP y comenzaron un estudio de prefactibilidad para el desarrollo de este tipo de energía en Chile, algo que hasta el momento, es un proyecto que está sólo en el papel.

Rodrigo Vega, director de la Fundación para la Innovación Agraria, FIA: "Hay bastante interés de privados, pero aún no existen las reglas claras acerca de cuáles serán los beneficios y la normativa de quienes se embarquen en este tipo de producción", explica el director de esta entidad estatal.

Afortunadamente, ya hay señales al respecto. Este año se formó una comisión público-privada, liderada por FIA, para estudiar las ventajas de los biocombustibles en Chile. Se hicieron viajes a Brasil, Alemania y Estados Unidos para estudiar cómo funcionaban los procesos; se consultaron expertos internacionales y académicos especializados y se realizó una prospección de las ventajas y desventajas de diferentes sectores del país al respecto. El resultado es un completo estudio que se le entregará a la Presidenta Michelle Bachelet en enero de 2007. Lo ideal es que con este documento en mano se establezca una agenda para fijar el marco regulatorio con reglas claras.

Lo interesante es que el Gobierno ya definió que habrá beneficios tributarios para quienes produzcan biocombustibles. Incluso, podría haber subsidios. "Hay que pensar que, más que una rentabilidad comercial, la generación de biocombustibles posee una alta rentabilidad social, que es sumamente importante, pero puede que no entusiasme aún a muchos privados", comenta el director de FIA.

Según el ejecutivo, si la agenda va bien, para 2010 Chile podría estar utilizando a escala comercial biocombustibles derivados de la agricultura. Además, para ese año los combustibles fósiles ya podrían incorporar entre un 5 y un 10% de etanol proveniente del agro nacional.

"Después del bicentenario el país debe prepararse para producir biocombustibles de segunda generación, derivados por ejemplo de los rastrojos agrícolas, como la caña del maíz, paja de trigo y otros; pastos, hierbas y madera, especialmente residuos de la industria forestal y desechos de la silvicultura, como podas y raleos no comerciales", indicó el personero.

Mapa regional

Según estudios del FIA, el mapa de los biocombustibles en Chile comienza con al producción de la jatrofa y ricino para biodiésel, en la III y IV Región (incluso algo también en la de Tarapacá); de bioetanol en las zonas maiceras (VI y VII Región); de raps desde Chillán (VIII Región) hasta Osorno (X Región), con una mayor parte en la IX Región; y de alcohol de nabo forrajero en Aisén (XI Región).

Y las regiones no se han hecho esperar. Por ejemplo, en Aisén, la Conaf y varias instituciones relacionadas con el agro ya comenzaron a elaborar un proyecto al respecto. "Se trata de la inclusión y producción de bioetanol, basado en varias especiales vegetales. Principalmente de la alfalfa, que se da muy bien en esta zona", explica Manuel Henríquez, jefe técnico de Conaf de la Región de Aisén.

Por otro lado, el primer seminario internacional sobre bioenergía se realizó este año en la ciudad de Los Ángeles, cuyas autoridades locales están bastante entusiasmadas. Incluso, el municipio ha traído expertos internacionales a explicar cómo se desarrollan los biocombustibles en otras latitudes.

Es que, como dice su alcalde, Joel Rosales, "no podemos perdernos esta oportunidad, especialmente con una economía estable y los problemas de abastecimiento energético que hemos tenido. Olvidarnos de este tema es un lujo asiático que no podemos darnos".

EL LADO OSCURO

También hay detractores de los biocombustibles. Según David Pimentel, de Cornell University, en la producción de bioetanol de maíz, el consumo energético de petróleo es un 29% mayor que la energía que se genera con el etanol usado como combustible. El uso de pesticidas, fertilizantes y otros tipos de técnicas de cultivo agresivas, con los problemas de contaminación y desertificación que conllevan, pueden también hacer fracasar a estos combustibles verdes.

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