Sábado 24 de Agosto de 2019


Prisión high tech: Big Brother ahora es carcelero
Catalina Correia C.
Software que identifican las emociones de los presos y pulseras con GPS son parte de una nueva prisión en Holanda. Algo así como un hotel ultra tecnologizado, pero sin puertas giratorias para entrar y salir.

Publicado: Jueves, 30 de Marzo de 2006

Aunque H.G Wells nos horrorizó con la figura del Big Brother, aquel ente supervigilante que era capaz de saber en todo momento qué hacíamos y qué pensábamos, por lo menos podíamos estar tranquilos porque no era nada más que una obra de ficción. Hasta ahora.

Porque la tecnología ha convertido nuestras peores pesadillas en realidad. Bueno, no para todos, sino sólo para aquellos que se han salido del orden establecido y están en deuda con la sociedad. O sea, los presos.

En Lelystad, Holanda, se acaba de inaugurar una prisión high tech.

Las autoridades aseguran que más que la personificación del tan temido Big Brother, se trata nada menos que de la cárcel del futuro.

En todas partes

La gracia son todos los chiches tecnológicos con los que cuenta esta correccional. Las celdas tienen capacidad para seis hombres, y están habilitadas para que éstos puedan cocinar, lavar y organizar sus rutinas diarias, como ejercicios y charlas de orientación o drogadicción, a través de un monitor que está ubicado a los pies de cada cama.

Cada recinto público está siendo monitoreado por una cámara de televisión, pero los internos pueden mantener su intimidad en sitios privados, como en las piezas y los baños. Eso sí, los presos deben portar en todo momento una pulsera equipada con GPS, que permite que los guardias sepan dónde están y qué hacen.

Además, cada celda cuenta con micrófonos, los que llevan todo el movimiento auditivo registrado directamente al centro de control.

Acá, gracias a un software especialmente diseñado para el reconocimiento de sonido, los guardias son alertados ante posibles peleas de reclusos.

La apuesta holandesa forma parte de los correccionales del futuro, que a punta de tecnología de última generación y diseños ultramodernos buscan mejorar las condiciones de vida y de hacinamiento de los reclusos y, cómo no, evitarse más de algún susto de parte de los internos.

Las autoridades holandesas afirman que Lelystad no sólo es más barata y eficiente, ya que requiere de una menor dotación de gendarmes (el precio promedio por un interno es de 125 dólares por noche, mientras que el de un recinto tradicional es de US$ 175), sino que además se evita los clásicos problemas de hacinamiento.

Otro ejemplo es la prisión Twin Towers, en Los Ángeles (Estados Unidos), donde los barrotes han sido reemplazados por ventanales de materiales ultradensos y están organizados en forma circular en torno al centro del control para una mayor vigilancia.

Cuando los guardias, que están constantemente observando esta verdadera pecera humana, intuyen que algo anda mal, pueden comunicarse directamente con el preso sospechoso a través de un sistema interno, y pedirle que deje de hacer lo que está haciendo y se porte bien, sin siquiera moverse del escritorio.

Y es que una de las gracias de este tipo de correcionales es que no atropellan los derechos humanos de los presos.

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