Sábado 24 de Agosto de 2019


Mundo conectado: Nadie trabaja por el teletrabajo
Pamela Carrasco T.
Suena "cool" eso del trabajo a distancia. Especialmente en un país como Chile, que le busca amistad a las tecnologías. Pero parece que nos quedamos en puras palabras, porque de teletrabajo real es poco lo que se sabe y lo que se hace.

Publicado: Jueves, 30 de Junio de 2005

La estufa de la casa prendida, un buen café, música de fondo y el computador listo y dispuesto para empezar a trabajar. En esta película no caben los tacos, el frío de la mañana, las peleas con el compañero de oficina ni los cigarros para sacar la vuelta. Es el teletrabajo o e-work, ese que se aprovecha de los beneficios de las tecnologías para producir cómo y dónde a uno se le antoje, sin tener que depender de la oficina, comunicándose con el jefe a través de internet, una PDA o un celular.

El panorama suena perfecto y tiene beneficios tan concretos como una reducción del tráfico y menores índices de contaminación (porque hay menos desplazamiento de personas en las horas altas); el trabajador maneja mejor su vida personal (ya que organiza sus horarios), y el empleador abarata costos y puede contratar más gente, porque no tiene que disponer de tanto espacio físico en la empresa. Es que la rápida evolución de internet, la masificación de la banda ancha, y la urgencia de horarios más flexibles y de fórmulas para generar más empleos han motivado la búsqueda de métodos menos tradicionales.

Más que una ley

Pero parece que el freno al teletrabajo no es una cuestión de tecnologías, sino un asunto de cultura. O de ganas.

Para Gerardo Otero, abogado del Estudio Jurídico Otero, no existe una real voluntad de fomentar el teletrabajo en Chile. "Para impulsar el teletrabajo debe haber una política de fondo, una definición de qué se va a hacer. Y tomada esa decisión se impulsan ciertas medidas para llegar a eso. Aquí en Chile no existe nada de esto, porque no hay una definición real de si se quiere o no fomentar el teletrabajo. No se ha dicho: vamos a fomentar el teletrabajo porque tiene tales beneficios y para eso vamos a tomar estas medidas", asegura.

Más allá de las intenciones y voluntades, en Chile sí se han dado algunos pasos para incentivar el teletrabajo. El 2001 se agregó un inciso final al
artículo 22 del Código Laboral: "a fin de que los trabajadores contratados para que presten sus servicios preferentemente fuera del lugar o sitio de funcionamiento de la empresa, mediante la utilización de medios informáticos o de telecomunicaciones, estén excluidos de la limitación de jornada de 48 horas semanales a que dicho artículo se refiere".

Pero el asunto no se soluciona con una simple ley, estima Otero. Se requiere de un cambio cultural. "Hay que crear un ambiente y cambiar una serie de formas de pensar", dice Otero. Aunque reconoce que para fomentar el teletrabajo se requiere de algún incentivo. Y esos incentivos sí que necesitan de modificaciones legales.

"Hoy, ¿qué incentivo tiene para alguien trabajar desde su casa, si todos los gastos en que incurra para ellos no tienen ningún incentivo tributario?. No los puede considerar como gastos, y si el empleador se lo paga, se lo van a considerar como un ingreso y tendrá que pagar impuestos. Sólo se pueden considerar como gastos aquellos que estén claramente documentados, pero hay cosas que tú no vas a poder justificar fácilmente, como la electricidad que consumiste, o la cuenta del teléfono", argumenta.

Para el abogado, se requiere urgente de ciertas modificaciones a la ley tributaria. "Por ejemplo, para la persona que compró un computador, que es un elemento necesario para prestar el trabajo en forma remota", agrega.

Verónica Riquelme, investigadora del departamento de estudio de la Dirección del Trabajo, manifiesta que es difícil cuantificar la cantidad de teletrabajadores que hay en Chile. "En un estudio que realizamos a fines de 2001 identificamos una serie de profesionales dedicados al teletrabajo. El periodismo, la ingeniería, diseño y arquitectura son las principales profesiones que han adoptado esta nueva forma de trabajar".

Aunque no hay cifras oficiales, expertos nacionales creen que los potenciales teletrabajadores no sobrepasarían las 300 mil personas. Una cifra muy baja para el total de la fuerza laboral de Chile, que bordea los seis millones de habitantes.

Lo curioso es que en el mundo el asunto parece marchar bien. En Estados Unidos ya existen más de 20 millones de trabajadores a distancia, según las cifras de la International Telework Association & Council. Y un informe del Institute of Employement Services de Inglaterra pronostica que sólo en Europa el número de e-workers alcanzará los 27 millones en 2010.

Para Germán Otero, uno de los grandes problemas es la falta de confianza de empleadores. Y, por qué no decirlo, también el abuso de algunos empleados. "Y eso es una cultura que hay que cambiar. Pero en el fondo, si en el teletrabajo lo que se avalúa es la calidad del trabajo final del empleado, independientemente de la forma en cómo distribuyó su tiempo, la persona que no sepa hacer buen uso de esa confianza o que no cumpla con las metas se va a quedar sin trabajo", dice.

La pregunta es: ¿Estamos preparados para trabajar a distancia?

Según Otero sí, pero con algunos cambios. "En materia laboral también se necesitan cambios. Por ejemplo, en las jornadas de trabajo. En el teletrabajo no importa cuántas horas estés trabajando, importa que rinda lo que tiene que rendir. Y cuando tú a la gente le das la confianza, puedes abusar, pero también puede responder a esa confianza".

Los mismos derechos

Pero aunque se necesitan más leyes, también se requieren mayores flexibilizaciones.

Porque para el empleador también es difícil contratar teletrabajadores, ya que hay una serie de modificaciones que se deberían hacer a nivel laboral. "Por ejemplo, si tengo una cierta cantidad de mujeres contratadas, la ley me obliga a tener una sala cuna. Pero, ¿por qué voy a tener una sala cuna si contrato a una mujer que no está físicamente en la empresa? Si una mujer presta sus servicios remotamente, ¿qué sentido tiene que tenga todos los meses que la ley garantiza de pre y posnatal si está trabajando desde la casa?. En todo ese tipo de cosas se requiere más flexibilidad", acota.

Ojo, que dice que el trabajador debe tener los mismos derechos en licencias médicas o vacaciones. No se trata de que no tengan beneficios, pero sí que sean más flexibles ciertas cosas, o por último estudiarlas. "Y no hay que confundirse, porque el teletrabajo no es lo mismo que el trabajo free lance. En el teletrabajo puede haber o no un contrato de trabajo de por medio", agrega.

¿Oficinas vacías?

Aunque bueno, el teletrabajo no es la panacea para todo ni para todos. En muchos casos requiere que el trabajador tenga la capacidad para organizarse y crearse una rutina, porque producir en la casa o en lugar que esté fuera de la empresa es más difícil y las distracciones son mayores. Tampoco sirve para todos los oficios, sólo para aquellos en que se pueda trabajar solo y no se requiera constante interacción con otros.

Por muy futurista que se quiera ver el panorama, es muy improbable que de aquí a unos años las oficinas se queden vacías. Lo más probable es que la fórmula sea "combinada" y el trabajo a distancia conviva con el presencial, como en muchas compañías en que los empleados pueden quedarse uno o dos días trabajando desde sus casas.

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