Jueves 15 de Noviembre de 2018


Los Edwards y El Mercurio: Una historia de familia

La familia Edwards en Chile se inició en 1804, cuando Jorge Edwards Brown llegó a Chile como médico de un barco. Se enamoró de La Serena y se escondió en un baúl hasta que la nave partió. Su nieto compró El Mercurio de Valparaíso y su bisnieto fundó El Mercurio de Santiago, que hoy está en manos de Agustín Edwards Eastman, quien representa a la sexta generación de esta familia en Chile.

Publicado: Martes, 31 de Mayo de 2005

La familia Edwards se afincó en Chile durante 1804. Desde entonces, sus integrantes ­con esfuerzo, tenacidad y visión de futuro­ han participado en el desarrollo de nuestro país. Aunque su obra más notable ha sido El Mercurio, detrás del periódico también se esconden otras historias.

En 1804 recaló en la bahía de Coquimbo el Blackhouse, buque inglés encargado de perseguir a los barcos franceses durante las guerras napoleónicas.

A bordo venía el médico Jorge Edwards Brown. Tenía 24 años y ya ejercía como cirujano de la nave. Según cuenta la leyenda, Edwards quedó tan maravillado con la belleza del lugar, que decidió quedarse; por eso se escondió de la tripulación dentro de un baúl, hasta que el Blackhouse dejó las costas chilenas.

Fue acogido en la casa de don Diego de Ossandón y Castro, dueño de la hacienda Peñuelas. Siguió ejerciendo su profesión en La Serena, y muy luego empezó a tener mucho prestigio como médico.

Poco tiempo después, el 22 de mayo de 1805, abjuró de su religión anglicana y fue bautizado en la fe católica.

Dos años más tarde, el 27 de mayo de 1807, se casó con doña Isabel Ossandón Iribarren, hija de don Diego. Tuvieron nueve hijos y así surgieron los Edwards en Chile. Comenzaba entonces la historia de una familia muy influyente dentro del acontecer nacional.

Jorge Edwards fue un acérrimo partidario del movimiento emancipador chileno e hizo contribuciones para financiar la expedición libertadora del Perú. Así, el 30 de mayo de 1818, O'Higgins le otorgó la carta de ciudadanía chilena.

Fue diputado por Huasco, vicepresidente y presidente de la Asamblea Provincial de Coquimbo en 1825, diputado por Andacollo y por Vallenar en 1834, aunque no concurrió a la Cámara. También desempeñó la intendencia de Coquimbo entre 1838 y 1841.

Como muchos de sus contemporáneos, el doctor Edwards incursionó en la minería. Habilitó diversos yacimientos de cobre, pero tuvo muy mala fortuna. Tanta, que en 1848, al momento de su muerte, su hijo Agustín debió hacerse cargo de las deudas que su padre había contraído.

Gran habilidad

José Agustín de Dios Edwards Ossandón nació en La Serena el 2 de junio de 1815. Fue el sexto hijo de Jorge, y aunque no heredó fortuna sí tuvo habilidad para crearla, acrecentarla y, sobre todo, usarla con fines sociales.

Aunque de niño nunca fue demasiado estudioso ­pasó apenas por la escuela primaria­, tenía gran capacidad con los números y una memoria privilegiada.

Poseedor de un instinto mercantil innato, de niño logró juntar un capital de 500 mil pesos. Poco después abandonó la casa y se fue más al norte. Se instaló en Freirina y comenzó a trabajar con la firma Walker Hnos., acreditados comerciantes de plata y cobre. Allí aprendió los secretos del oficio y se contactó con los mineros de la zona.

Los aprovisionaba de mercadería que ellos le pagaban en minerales, y que luego José Agustín vendía a fundidores y exportadores. Después de algunos años, su capital se había multiplicado.

En 1832 se descubrió el mineral de Chañarcillo, al sur de Copiapó.

Inmediatamente Edwards, quien en ese momento tenía 17 años, se instaló en esa ciudad. Allí también fue proveedor, y además habilitador.

Es decir, prestaba dinero a los mineros con la garantía de sus equipos de trabajo y recibía metales como pago. Juan Agustín era tan correcto en sus labores e inspiraba tanta confianza, que muchos le entregaron sus depósitos en cuentas corrientes, dinero y otros bienes que, a su vez, él prestaba a terceros a tasas superiores. Personalmente, Edwards estaba desarrollando las tareas propias de un banco.

En 1845 se asoció con Tomás Gallo, Gregorio Ossa y Cerda y Matías Cousiño, para fundar la Sociedad Minera de Copiapó.

Luego, el estadounidense Guillermo Wheelwright les propuso la construcción de un ferrocarril. El auge de la zona requería de este medio para sacar los productos mineros por el mar. Juan Agustín vio la trascendencia del proyecto y propuso fundar una sociedad con escasas acciones de alto valor, pues así sería más fácil de manejar. Se transaron 14 acciones de 50 mil pesos cada una. Él mismo compró dos y fue designado presidente de la compañía. En 1851, el tren cubría las 30 leguas entre la ciudad nortina y el puerto de Caldera.

Diez años después, José Agustín cooperó en la construcción del ferrocarril entre Santiago y Valparaíso. Su fortuna seguía creciendo a un ritmo insospechado. Se calcula que en 1857 poseía alrededor de seis millones de pesos. En esos momentos, vio que su futuro estaba en Valparaíso, se trasladó al puerto y en el norte dejó a su hermano Joaquín como gerente de la casa Edwards.

Nuevos pasos

José Agustín de Dios Edwards Ossandón llegó a Valparaíso, ya casado con Juana Ross (1830-1913). También nacida en La Serena, dedicó su vida a la filantropía. Católica devota, era un modelo de generosidad y desvelo por los más pobres. En 1879 cooperó con los sobrevivientes de la Guerra del Pacífico. También se la recuerda como una benefactora directa de las víctimas del terremoto de 1906. Además, fundó numerosos asilos de ancianos, hospitales, colegios e iglesias en diversas ciudades del país.

En el puerto, Edwards Ossandón siguió con sus deberes comerciales. En 1865 fundó la Compañía Chilena de Seguros, primera empresa nacional de este tipo, que subsiste hasta hoy, bajo el nombre de Chilena Consolidada. La compañía tuvo un capital inicial de dos millones de pesos, dividido en 100 acciones. Edwards fue su primer accionista y también su primer presidente.

Las operaciones crediticias de José Agustín crecían al compás del desarrollo nacional. Junto a ello, su prestigio personal lo convertía en persona indispensable en el incipiente sistema financiero de esos momentos.

En septiembre de 1865 la guerra con España generó una aguda crisis económica.

Esto obligó al gobierno a decretar la inconvertibilidad de los billetes emitidos por el Banco Nacional. Sin embargo, autorizó a las oficinas fiscales a recibir los billetes, siempre que poseyeran las firmas solidarias del Banco de Valparaíso y de José Agustín Edwards.

La magnitud que alcanzó el negocio financiero determinó que el 5 de enero de 1867 se fundara la casa bancaria Agustín Edwards y Cía. Por decreto del 5 de diciembre de 1871, el Banco de A. Edwards fue autorizado para emitir billetes. Edwards Ossandón continuó desarrollando nuevos negocios hasta el día de su muerte, el 4 de enero de 1878, en las oficinas de su banco. Sólo le faltó materializar su último gran sueño: el ferrocarril trasandino por Atacama.

Opción por el periodismo

El hijo de doña Juana y don Agustín, Agustín Edwards Ross (1852-1897), heredó la inmensa fortuna de su padre cuando tenía 26 años. Sin embargo, no recibió la de su madre, porque doña Juana sobrevivió no sólo a su marido, sino que a todos sus hijos, puesto que falleció el 25 de junio de 1913, a los 83 años.

Desde su infancia, Edwards Ross recibió una esmerada educación comercial. Al hacerse cargo de los negocios de su padre lo hizo con prudencia y acierto. Pero, además, su gran espíritu de servicio público lo llevó a ser diputado por Quillota durante cuatro períodos; ministro de Hacienda de Balmaceda; senador por Valparaíso; presidente del Senado y ministro de Industrias, Obras Públicas y Hacienda del Presidente Jorge Montt.

Pero las huellas más profundas de su trabajo las dejó en el periodismo chileno. Fundó La Época, uno de los periódicos más progresistas de aquellos tiempos, al que le impuso un gran estilo, aun cuando financieramente le originaba pérdidas. En La Época escribió Rubén Darío durante sus tres años de permanencia en el país. También colaboraron el cubano José Martí, el español Menéndez y Pelayo y los franceses Anatole France, Guy de Maupassant y Alfonso Daudet.

Mientras, la intervención de Edwards Ross en El Mercurio de Valparaíso fue determinante. En 1877, el diario pasaba por una aguda situación económica y a pesar de ello Edwards Ross resolvió comprarlo. Lo adquirió en 100 mil pesos y proyectó un nuevo edificio ­el mismo que ocupa hoy­ , al que se trasladó en 1901. Diez años después, El Mercurio valía un millón de pesos y sus pérdidas se habían convertido en utilidades.

Editorialmente hizo que el decano de la prensa chilena continuara la tradicional línea seguida hasta entonces: apartamiento de las enconadas luchas partidistas; entrega a las grandes causas nacionales, y ejercicio de la función moderadora entre las pasiones extremas que suelen dividir y enardecer a los chilenos.

Al morir, en 1897, Agustín Edwards Ross legó El Mercurio a sus tres hijos hombres: Agustín, Carlos y Raúl por partes iguales, con el encargo de que conservaran personalmente la dirección del diario.

En la vanguardia

Los mandatos contenidos en el testamento de su padre fueron estrictamente obedecidos por su hijo mayor, Agustín Edwards MacClure. Nació en Santiago el 17 de junio de 1878 y falleció en esta misma ciudad en 1941. Se educó en el colegio de Los Sagrados Corazones de Valparaíso y en el San Ignacio de la capital. Continuó sus estudios en la Universidad de Chile y los completó con cursos de economía política en París.

Fue diputado por Limache y Quillota durante cuatro períodos; en 1902 fue vicepresidente de la Cámara de Diputados y presidente de la Comisión de Hacienda. En 1903, a los 25 años, fue nombrado Ministro de Relaciones Exteriores; en 1910 desempeñó la cartera de Interior; el 11 de noviembre de 1910 fue enviado como extraordinario y ministro plenipotenciario en Inglaterra, y en 1920, en Suecia. Su larga y brillante carrera diplomática culminó con la presidencia de la Sociedad de las Naciones.

De su padre heredó la afición por el periodismo. Esta tarea se convirtió en su gran pasión. Fundó diversos medios de comunicación y ayudó decisivamente a la renovación de la prensa chilena, tan atrasada hasta entonces en materias técnicas.

El primero de junio lanzó
El Mercurio de Santiago, como diario vespertino (se convirtió en matutino en 1902, el mismo año en que las oficinas del periódico se trasladaron a la casa que había sido de la familia Larraín Zañartu, en Compañía 1214).

Además, el 15 de noviembre de 1902 fundó Las Ultimas Noticias; el 19 de febrero de 1905, la revista Zig-Zag; el 16 de diciembre de 1906, El Mercurio de Antofagasta; el primero de enero de 1908, Correvuela, revista semanal, popular e ilustrada; el 17 de septiembre de 1908, Sucesos, que informaba de la vida social, manifestaciones, defunciones y fiestas en general; el 23 de noviembre de 1908, El Peneca, notable revista infantil; en abril de 1909, Selecta, la mejor revista de arte publicada en nuestro país; el mismo año fundó Familia, revista de la mujer y del hogar; el primero de enero de 1921, La Estrella de Valparaíso, y el 26 de julio de 1931, La Segunda de las Ultimas Noticias, para informar sobre la caída del gobierno de Carlos Ibáñez.

Notables innovaciones técnicas, que generaban en los lectores la impresión de estar leyendo un diario o una revista hecho con moldes nuevos, fueron unos de los secretos que explican el éxito de sus publicaciones. Además, Edwards MacClure tuvo la visión de escoger siempre a los mejores colaboradores y periodistas: Joaquín Díaz Garcés, Carlos Silva Vildósola, Fernando Santiván, Luis Orrego Luco y tantos otros.

Con el propósito de estar siempre a la vanguardia, Agustín viajó varias veces a Estados Unidos y a diversos países de Europa para adquirir las maquinarias más modernas y también para interiorizarse en el funcionamiento de los diarios de mayor circulación, para asimilarlo y traerlo a Chile.

Todos los diarios que fundó siguen existiendo hasta nuestros días; no así las revistas, que desaparecieron tan pronto como salieron de sus manos, salvo Zig-Zag. Agustín Edwards MacClure fue un resuelto partidario del régimen de previsión para periodistas, del Colegio de Periodistas y del Código de Ética Periodística, del que incluso alcanzó a bosquejar un proyecto. En 1940 recibió el Premio María Moors Cabot, instituido por la Universidad de Columbia de Nueva York, en honor a los periodistas que más hubieran colaborado con el estrechamiento de las relaciones entre sus respectivos países y los Estados Unidos.

El sello mercurial

Agustín quería tener entre sus colaboradores a Carlos Silva Vildósola y ­según escribió en sus recuerdos­, para convencerlo, le comentó así sobre su proyecto de El Mercurio de Santiago: "Quería fundar una serie de diarios y sacar a la prensa chilena de la decadencia en que se encontraba. Le hablé de las prensas que acababa de comprar en Nueva York, de las linotipias, de los últimos adelantos en la estereotipia, de un servicio telegráfico de 10 mil palabras al día, de inundar a Chile de avisos grandes anunciando el nuevo diario, de avisos luminosos en Santiago y Valparaíso, de sorteos de casas entre los suscriptores, con el convencimiento de un fanático de la prensa. De esta forma, El Mercurio siempre habría de conservar su altura de miras, su moderación y, sobre todo, su carácter de servidor de la Patria".

Al morir don Agustín Edwards MacClure, en 1941, tomó su lugar como presidente de la empresa El Mercurio su hijo único, don Agustín Edwards Budge.

Nació el primero de agosto de 1899, se educó en París y allí adquirió una amplia experiencia en la Banca Morgan. Fue un destacado empresario, dotado de talento y laboriosidad; siempre rehuyó los honores de la vida pública, quizás por los padecimientos y dolores que sufrió su padre.

Además de dirigir todo lo relacionado con los diarios y con el Banco de A. Edwards, creó una empresa editora que llegó a ser la más grande del país, la Editorial Lord Cochrane.

Bajo su presidencia, El Mercurio consolidó su liderazgo en el periodismo nacional. Tuvo que hacer múltiples negociaciones para afrontar las difíciles condiciones planteadas a la prensa, producto de la restricción de papel durante la Segunda Guerra Mundial.

También, Agustín Edwards Budge tuvo una participación decisiva durante el segundo gobierno de Carlos Ibáñez, para intentar corregir la política económica y detener la inflación que bordeaba el 80 por ciento. Bajo esta orientación, desarrollada a través de las columnas de
El Mercurio, el gobierno contrató la asesoría técnica de la misión norteamericana Klein-Sacks, que logró frenar momentáneamente el aumento de los precios. Si bien las políticas de fondo sugeridas por la misión no se aplicaron totalmente ­racionalización de la administración pública, fin de los subsidios y libertad de precios­, constituyen una primera aproximación hacia el camino de modernización que Chile adoptaría algunas décadas después.

Edwards Budge era muy aficionado a los deportes, en especial a la pesca y el esquí. Además, se destacó por sus aptitudes musicales. Falleció en 1957, cuando todavía no cumplía los 57 años. En su matrimonio con Isabel Eastman Beéche tuvo cuatro hijos: Agustín, Sonia, Roberto y Marisol.

Mirada al futuro

Agustín Edwards Eastman asumió la presidencia de El Mercurio en 1958, cargo que ocupa hasta hoy.

Nació en París, el 24 de noviembre de 1927. Sus estudios primarios los realizó en el Heatherdown School de Inglaterra y en el Grange School de Santiago.

Luego, durante tres años tomó cursos de Derecho en la Universidad de Chile, período en que alternó el estudio con su trabajo en la Sección Internacional de El Mercurio.

En 1949 se graduó de la Academia Woodrow Wilson de Estudios Públicos e Internacionales de la Universidad de Princeton, Estados Unidos. Allí obtuvo la distinción A.B. Cum Laude en virtud de su memoria "Anarquía y autocracia". Gracias a estos honores, obtuvo trabajo en el Herald Tribune de París y luego en The Times de Londres.

Al regresar a nuestro país, se dedicó por entero a trabajar en la empresa familiar, en la que ha sabido prolongar el amplio legado de sus antepasados.

Tras la muerte de Guillermo Pérez de Arce, el directorio lo nombró presidente de la Empresa El Mercurio, el 2 de enero de 1958.

Entre los años 1970 y 1975 vivió en Estados Unidos, desempeñándose como vicepresidente de Pepsico INC y presidente de Foods International, empresa subsidiaria de The Pepsi Company.

De vuelta a Chile, asumió la dirección del diario en 1982, enfrentando los desafíos que implicó la modernización de la empresa.

Bajo ese mismo concepto fundó diversos diarios regionales, ampliando así la cadena nacional con La Estrella de Arica, La Estrella del Loa, La Estrella de Iquique, La Estrella de Calama, El Diario Austral de Osorno, El Diario Austral de Valdivia y El Diario Austral de Puerto Montt.

Durante su gestión, El Mercurio se trasladó desde el tradicional edificio de calle Compañía a sus nuevas instalaciones de Lo Castillo, Vitacura, y ha renovado completamente sus sistemas de comunicación, tecnología e impresión.

Heredando también el espíritu de servicio público de su familia, Agustín Edwards Eastman creó ­a raíz del secuestro de su hijo Cristián­ la Fundación Paz Ciudadana, organización que se ha destacado por su aporte al estudio y promoción de los valores que guían una sana convivencia social entre los chilenos.

Siempre ligado al mundo periodístico, en 1969 fue elegido presidente de la Sociedad Interamericana de la Prensa, SIP. Allí fundó el Comité de Libertad de Prensa y de las Comisiones Técnicas y de Becas. En tanto, su labor en el periodismo continental lo hizo acreedor del premio María Moors Cabot.

En 1991 participó en la creación del Grupo de Diarios de América, GDA, que reúne a los principales periódicos de la región con el fin de realizar labores editoriales conjuntas y facilitar el intercambio de informaciones.

Casado con María Luisa del Río, tiene seis hijos: Agustín, Isabel, Carolina, Cristián, Andrés y Felipe. Este último se desempeña actualmente como subdirector del diario y como vicepresidente del directorio de la empresa, al igual que su hermano Agustín Edwards del Río, quien dirige Las Últimas Noticias.

En tanto, Cristián e Isabel también integran el directorio de la empresa El Mercurio, e Isabel y Carolina trabajan actualmente en ella.

En definitiva, la familia Edwards siempre se ha destacado por su servicio al país.

Desde las más diversas áreas ha desplegado esfuerzos para contribuir al progreso nacional. Sin duda, El Mercurio es la prueba más evidente de esa misión.

El Mercurio 1900-2005: Protagonista del siglo XXI
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Actividad cultural: Quién dijo que la cultura es aburrida
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Propiedades: Testigo de los cambios urbanos
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