Martes 21 de Mayo de 2019

Tecnología inalámbrica
Expertos advierten sobre posible colapso de WiFi
Daniel Fajardo C.
Un uso indiscriminado de las redes inalámbricas por parte de quienes modifican su potencia o frecuencia puede producir cortes o lentitud en las conexiones de otros usuarios. El problema se agudiza a medida que esta tecnología se masifica.

Publicado: Jueves, 31 de Mayo de 2007


Daniel Fajardo C.

La tecnología WiFi no es más que una onda de radio como cualquier otra y con los mismos problemas físicos de interferencia que tecnologías antecesoras.

¿Qué pasa entonces si las ciudades se llenan de señales WiFi? ¿Pueden saturarse las conexiones? Esta es una pregunta que ya está dando vueltas hace varios meses entre los especialistas y aficionados al tema.

Una de las primeras alertas mundiales sucedió el año pasado en la feria tecnológica CeBit de Hannover (Alemania). Al haber tantas señales WiFi, se produjo un atasco entre los equipos que solicitaban conexión y las redes terminaron por anularse.

Según un estudio publicado por la consultora Ipass, ha habido un incremento del 44% en la implantación de WiFi en el mundo durante lo que va de 2007. Por otro lado, el mapa WiFi que elabora el Centro de Estudios de Economía Digital de la Cámara de Comercio de Santiago (CCS), indica que el número de hotspots públicos registrados en Chile alcanzó a 1.043 en 2006.

Experimentación preocupante

La norma 802.11b, que permite implementar redes bajo tecnología WiFi, funciona en la banda de frecuencia de 2,4 GHz del espectro radioeléctrico. Dicha banda posee 14 canales que pueden ser utilizados por los puntos de acceso, hotspot y tarjetas.

Por defecto, los equipos WiFi vienen configurados para funcionar en los canales números 1, 6 u 11, ya que bajo ellos las señales inalámbricas no se "traslapan", como sí sucede en los canales intermedios restantes. Por "traslape" se entiende cuando los canales se cruzan entre sí. Al existir más de una red WiFi en canales con posibilidad de traslaparse, una de ellas predomina sobre la otra, produciéndose el corte o lentitud del servicio en los usuarios de otras redes.

El cambio de canal es una tarea sencilla, basta configurar el software que trae el router y listo. La pregunta es: ¿Para qué cambiarse de los canales 1, 6 y 11?

Luis Angosto, gerente de operaciones de IGT y especialista en telecomunicaciones, lo explica: "A pesar de que en estos tres canales no hay traslapes, cuando existen muchas redes WiFi utilizándolos, cada conexión baja su velocidad, ya que se interfieren mutuamente. Entonces, existen usuarios que, al no querer ver disminuida su velocidad, se cambian de canal, creyendo que de está forma no serán interferidos, lo cual no es así" explica.

Angosto es uno de los fundadores del Grupo de Usuarios Wireless ( www.guw.cl), una entidad sin fines de lucro constituida por profesionales del rubro que tiene como objetivo compartir conocimientos y ser un referente en la implementación de redes inalámbricas. Y justamente debido al gran aumento de redes WiFi en Chile y al número de personas que experimenta con ellas (experimentadores) se encuentran en una campaña para advertir sobre el mal uso del espectro radioeléctrico.

"Creemos que cada vez más existen experimentadores que por desconocimiento o desinterés están sobresaturando los canales de la banda 2,4 GHz, lo que en un futuro cercano puede traer un colapso de esta tecnología, producto de su masificación", comenta Angosto.

¿Mejorar o empeorar?

Pero además de los cambios de canales indiscriminados, existe otro problema. Muchos experimentadores a nivel nacional están instalando o fabricando de forma artesanal antenas que permiten aumentar las señales WiFi de un hotspot, algo que trae también una contaminación del espectro.

Cualquier hotspot puede potenciarse con antenas direccionales que permiten concentrar la energía de la señal inalámbrica hacia un punto específico. Esto es muy útil para crear una red privada desde un lugar a otro (por ejemplo entre dos edificios). La problemática está cuando esa red no respeta a otras que se pudieran encontrar en su camino, y al ser más fuertes en intensidad, perjudican a las más débiles.

El caso extremo se da cuando se instalan antenas omnidireccionales, que envían la señal a todas partes de forma circular. Y si, además, éstas se ubican en sectores de mucha altura, pueden perjudicar a todo un vecindario.

"Existe la mala práctica de instalar las antenas lo más alto posible, para así lograr mayor distancia en las señales, cubriendo zonas no deseadas. Pero se debe tener conciencia de que, de esta forma, se les está haciendo daño a otras redes inalámbricas, especialmente en sectores de alta concentración de habitantes, como son las ciudades. Y el tema es que pocos saben que un equipo WiFi potenciado puede alcanzar varios kilómetros a la redonda", aclara Luis Angosto.

Incluso, el GUW realizó hace unos meses una prueba. Subieron a lo alto del cerro Apoquindo para escanear las señales WiFi disponibles y capturaron varias que venían de sectores bastante alejados como Puente Alto y que se podrían interferir con otras de Las Condes.

Miguel Ríos, profesor del Departamento de Ingeniería Eléctrica de la Universidad Católica, cree, por su parte, que se le debe bajar el perfil al tema, al menos por el momento.

"Claro que se producen interferencias, pero alterar el software o hardware de un equipo WiFi para cambiarse de canal no lo hace cualquiera. Aún es muy pequeño el grupo de experimentadores. Creo que esto en el futuro cercano no va a producir más contaminación que la que generan, por ejemplo, otros aparatos como los teléfonos móviles", explica.

Cuidado con el horno

Efectivamente, los celulares y los hornos microondas utilizan frecuencias que muchas veces pueden interferir en las redes WiFi o, bien, disminuir su velocidad, algo que también, a la larga, puede perjudicar a la vedette inalámbrica del momento.

Como sea, según la regulación de la Subtel, cualquier persona puede modificar sus equipos WiFi sólo hasta 100 miliwats de potencia radiada, para sistemas al interior de recintos. Más allá de eso hay que pedir una autorización.

"Creo que potenciar un hotspot es una excelente solución, por ejemplo, para alguien que vive en una parcela y quiere iluminarla. En las ciudades también se puede hacer, pero el posible colapso, al menos por el momento, no es algo que quite el sueño", concluye Ríos.

Muchos fabricantes de WiFi temblaron la semana pasada, luego de que la BBC diera a conocer un estudio que indicaba que las ondas emitidas por los router inalámbricos poseen una radiación hasta tres veces mayor que las de los celulares, algo que podría ser dañino para la salud. Un estudio similar llevó a la prohibición de WiFi en varias zonas de la Universidad Lakehead de Canadá, ya que causaban cambios de conducta, aumentaban el estrés e interferían con las ondas cerebrales. Algo para pensar.

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