Jueves 15 de Noviembre de 2018

Opinión: 
La pasión por educar

No podemos olvidar el llamado a ser, la vocación de ser profesor.  

Publicado: Jueves, 12 de Mayo de 2011

Opinar acerca de la educación ha sido uno de los temas de tantas sobremesas y discusiones durante el último tiempo. Y cómo no serlo, si en cierta manera todos nos sentimos doctos en esta temática. Es natural, hemos pasado por procesos educativos y, por tanto, todos creemos tener las competencias necesarias para formular opiniones e incluso enjuiciar a aquellos que trabajamos en y por la educación en Chile.

Así es, las instituciones formadoras de docentes hemos estado en el llamado ojo del huracán, e indudablemente existe un acuerdo generalizado de que es imprescindible mejorar. Si la calidad de los aprendizajes de los estudiantes no está donde queremos, esto significa que, entre otras cosas, algo debemos movilizar en nuestros profesores.

Las investigaciones no sólo nos muestran con claridad qué competencias debe tener un futuro profesor, como las habilidades de Lenguaje, Comunicación y Aritmética, sino que también qué hacen los países con mejor rendimiento, por ejemplo, en los procesos de selección de sus estudiantes de Pedagogía. Del mismo modo, demuestran que "la calidad de un sistema educativo se basa en la calidad de los docentes" y es aquí en donde se sitúa el gran desafío de las facultades y escuelas de educación. En pos de esto, en nuestro país se están implementando estrategias y estímulos para los distintos actores educativos.

Ciertamente estos mecanismos han sido un aliciente para nuestras escuelas, pues hoy la educación se perfila como un camino y el lema Elige Educar ya se hace presente en nuestros jóvenes.

Sin embargo, no podemos olvidar uno de los requisitos de los que no se ha hablado últimamente: el llamado a ser, la vocación de ser profesor. No basta con ser de la élite del estudiantado, es imprescindible escuchar este llamado y seguirlo, pues, como dice Gabriel Castillo, Premio Nacional de Educación 1997, "la vocación se cumple sólo cuando la función, cargo u oficio en el que el hombre se desempeña está traspasado, iluminado, por el intento de elevar los niveles de humanidad de su mundo". Quien rechaza su llamado a ser y "deserta de su vocación, aquellos cuyas vidas estaban implicadas con la suya pierden un apoyo que les era necesario. Y el propio desertor se queda como esos seres descritos en el prólogo de Demian de Hesse que son hombres de medio cuerpo arriba y el resto pez. Y la edificación del mundo humano se deteriora, retrocede".

Para quienes trabajamos por una educación mejor para Chile, sabemos que este es un gran desafío y, a pesar de ello, seguimos en esta misión porque creemos que se puede, porque creemos en esta vocación y queremos mejorar la calidad educativa que nuestra sociedad demanda con urgencia.

En este contexto, las instituciones formadoras estamos trabajando para llegar a formar los mejores profesores, pero es el país completo el que debe trabajar en otorgar a esta profesión el estatus que se merece, para que todos nuestros egresados puedan decir con orgullo: "Somos profesores", en un país que nos retribuye y valora como tales.

No dejemos, entonces, de escuchar nuestro llamado a ser, mostremos la grandeza de nuestra profesión, llenemos nuestras portadas no sólo de cifras, sino de historias de docentes que sean modelos de excelencia a seguir.

Es necesario reencantar a nuestros jóvenes con este llamado a ser, llenar nuestras facultades con personas que verdaderamente deseen ser los profesores que requerimos. Si "el principal impulsor de las variaciones en el aprendizaje escolar es la calidad de los docentes", nuestra misión es formar los mejores estudiantes de Pedagogía para que lleguen a ser los mejores profesores que nuestro país necesita.

Sólo los profesores preparados en el saber y el hacer y apasionados con su quehacer docente serán los promotores del real cambio que nuestro sistema requiere.

La meta es alta, pero también las expectativas para ello: la mezcla perfecta para creer que las instituciones formadoras docentes somos capaces de reencantar a todos aquellos que están dispuestos a luchar por una mejor educación para todos.

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