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Políticas de sustentabilidad:
Análisis de ciclo de vida, un enfoque de futuro
El Análisis de Ciclo de Vida es una herramienta metodológica que permite evaluar los impactos ambientales potenciales generados a lo largo del ciclo productivo en productos y servicios, mediante la recopilación y evaluación de distintos factores.
Publicado: Miércoles, 25 de Abril de 2012
Fabián González, Jefe División Construcción IDIEM.
El desarrollo de las sociedades humanas se ha basado desde sus inicios en el uso y aprovechamiento de los sistemas naturales, que han sido, a la vez, fuente de recursos y sumidero de residuos.
Producto del aumento poblacional y de la globalización de los mercados, la explotación de los ecosistemas se ha vuelto intensiva, generando importantes problemas medioambientales a nivel global y local.
Para dar solución a esta problemática se debe tener una visión ampliada del impacto asociado a una actividad, lo que se traduce en no sólo evaluar el resultado de los procesos inmersos en el control operacional de la empresa. Se debe extender a un análisis "desde la cuna hasta la tumba".
La preocupación por mitigar el impacto ambiental asociado a la actividad industrial no es un tema nuevo. Como antecedente histórico en el año 1969, dentro del interés por el desarrollo de productos con un menor impacto energético y medioambiental, la compañía Coca-Cola encargó al Midwest Research Institute (MRI) un estudio en el cual se comparaban diferentes tipos de envases para determinar cuál de ellos suponía un menor consumo de recursos y una menor cantidad de emisiones. Este estudio marcó el comienzo de lo que se conoce hoy en día con el nombre de Análisis de Ciclo de Vida (ACV).
El ACV es una herramienta metodológica de multicriterio que permite evaluar en productos y servicios los impactos ambientales potenciales generados a lo largo de su ciclo productivo, mediante la recopilación y evaluación de los flujos de entrada y salida de materia y energía, incluyendo las etapas de extracción de materias primas, producción, transporte, distribución, uso, reciclaje y disposición final del producto o servicio. Sus principios se encuentran establecidos bajo la norma internacional ISO 14040:2006 "Gestión Ambiental - Análisis de Ciclo de Vida - Principio y Marco de Referencia" y la norma 14044:2006 "Gestión Ambiental - Análisis de Ciclo de Vida - Requisitos y Directrices". Estas normas especifican los criterios para la aplicación de su metodología.
Cómo opera
En cada una de las etapas se evalúa la demanda de recursos naturales, emisiones al aire, agua, suelo, y residuos generados. Estas cargas se definen, cuantifican y determinan por medio de trece categorías de impactos, dentro de las que destaca la Huella de Carbono (cambio climático) y la Huella Hídrica (consumo de agua).
El ACV ha sido utilizado en las empresas como una herramienta para orientar sus políticas de sustentabilidad y generar innovación en el desarrollo de productos. Su aplicación ha permitido la incorporación del concepto de eco-diseño en la industria, promoviendo la optimización de procesos dentro de la línea productiva, con el fin de reducir los impactos al medio ambiente y los costos operativos. Mediante la aplicación de reglas de categoría de productos (Reglas que definen los límites y alcances de un ACV), es posible comparar productos de características similares, con el propósito de identificar y optimizar las debilidades entre cada ciclo productivo, generando sinergia entre ellos.
La preocupación por estos temas, no sólo ha llegado a la aplicación de ACV en las industrias, sino que también a organismos como la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), la cual impulsó en el año 1999 el principio de Responsabilidad Extendida al Productor (Extended Producer Responsibility, EPR) como parte del programa de gestión del ciclo de vida, incluyéndolo dentro del desarrollo de políticas de productos sustentables, cuyo principal objetivo fue promover mejoras en el ciclo de vida de los productos, extendiendo la responsabilidad del fabricante más allá de la producción, distribución o venta, e integrando deberes en la recuperación y disposición final de los productos.
La concientización por el uso eficiente de la energía y el respeto del medio ambiente han marcado fuertemente la agenda nacional en las últimas décadas, lo que ha llevado a diversas medidas como la creación de una Agencia Chilena de Eficiencia Energética, la creación del Ministerio del Medio Ambiente y la creación de programas de Pre inversión en Eficiencia Energética. En los sectores económicos, el paso a seguir corresponde a mirar en términos energéticos y ambientales la totalidad del ciclo productivo, de manera de tener una visión cabal de los potenciales de mejora.
En Chile, la incorporación del ACV comienza a mediados de la década del 2000, teniendo como motor fundamental la actividad minera, debido a las exigencias en materias de protección ambiental y asuntos de responsabilidad empresarial por parte de los principales compradores de estos commodities en el mercado internacional. Hoy en día, este concepto ha penetrado en el sector de la construcción, con actores que muestran gran interés en temas relacionados con la sustentabilidad, particularmente en la aplicación del ACV. Lideradas por la Cámara Chilena de la Construcción (CChC), las empresas han venido desarrollando desde fines de los años 90 políticas ambientales, vínculos con Green Building Challenge, convenios de producción limpia e iniciativas con el gobierno para el desarrollo de construcciones sustentables.
Tareas pendientes
Chile, como miembro de la OCDE, tiene tareas pendientes en materia de generación de políticas y fomentos para la incorporación de herramientas de sustentabilidad en la industria (ACV, Huella de Carbono, Huella del Agua, entre otros). Estas herramientas permitirían cuantificar los flujos energéticos y de otros recursos, optimizar las líneas de producción, disminuir los impactos al medio ambiente y favorecer la disminución de la demanda energética industrial, promoviendo la evolución de los mercados y sectores productivos.
IDIEM comprometido con el desarrollo e innovación en este campo, ya se encuentra trabajando con empresas inmobiliarias, de servicios y proveedores de materiales, asesorando en servicios de sustentabilidad, como Asesoría en Huella de Carbono, Huella Hídrica y Análisis de Ciclo de Vida de Productos, con un equipo profesional del más alto nivel.
Beneficios de la aplicación del ACV en empresas
1.- Evaluación integral y objetiva para la toma de decisiones
Generar una visión más amplia e integradora del impacto ambiental de los productos, considerando el diseño, la compra de insumos, manufactura, transporte y consumo. Con esto es posible tener una línea base de información confiable para la toma de decisiones que apunten a mejorar los procesos y operaciones en el ámbito energético y ambiental, permitiendo la comparación de la situación actual del ciclo productivo de la empresa con estándares internacionales.
2.- Disminución de costos y apertura a nuevos mercados
Definir los principales factores que determinan el impacto ambiental de un producto o servicio y sus correspondientes costos monetarios, ayudando a las compañías a enfocar sus inversiones en proyectos de sustentabilidad y posibilitando el ingreso de sus productos o servicios a mercados de mayor exigencia medio ambiental.
3.- Herramienta de comunicación y diferenciación
El ACV se perfila como un medio confiable y verificable para informar la responsabilidad ambiental de la empresa en sus productos y operaciones a los consumidores, quienes exigen y valoran cada vez más este tipo de información.
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