Martes 14 de Agosto de 2018

Tecnología / Pruebas de choque:
Destruir para vivir

Las pruebas de choque se han vuelto un instrumento insustituible para determinar la seguridad de un automóvil.  

Publicado: Miércoles, 21 de Mayo de 2014

Leonardo Mellado.

En 2009, con motivo del aniversario número 50 de la Insurance Institute for Highway Safety (IIHS) de Estados Unidos, esta entidad hizo una prueba de impacto frontal entre un Chevrolet Bel Air de 1959 y un Chevrolet Malibu nuevo.

Aquellos que todavía guardaban la ilusión de que los autos de antes tenían la lata más firme tienen que haber quedado anonadados por los resultados, ya que el viejo Bel Air quedó completamente destruido, al punto de que el maniquí de pruebas que tuvo la desgracia de ir en su interior quedó severamente dañado. Un humano no habría sobrevivido.

En cambio, los ocupantes del Malibu solo habrían sufrido heridas leves o habrían quedado indemnes.

Las diferencias en la seguridad entre esos dos autos, no solo revela 50 años de mejoras tecnológicas, sino también décadas de esfuerzos de entidades independientes que mediante pruebas de impacto evalúan la seguridad de los automóviles.

Hoy hay varias repartidas por todo el mundo, las cuales han desarrollado pruebas en muchos casos análogas y, en otras completamente originales, pero todas aplicadas de acuerdo a criterios objetivos que buscan reproducir los accidentes más frecuentes usando automóviles reales, adquiridos por las propias entidades.

Las pruebas más habituales son las de impacto frontal asimétrico contra objetivos deformables (para simular el choque contra otro auto) o indeformables (para simular paredes). También algunas ejecutan pruebas de impacto lateral, para reproducir choques de otros autos, postes o árboles. En Estados Unidos la IIHS hace una prueba de resistencia a la compresión del techo, para verificar su resistencia en caso de volcamiento, y en este país, Europa, Japón y otros sitios se hacen pruebas de mitigación del efecto látigo en la zona cervical en caso de impacto trasero.

Más recientemente se han incluido pruebas para proteger a los peatones en Europa, Japón y Australia.

La evaluación de las pruebas de choque genera un puntaje que se expresa generalmente en estrellas y, a veces, como valoración. A más estrellas, más seguro.

Normalmente se suman puntos adicionales o bonificaciones si el auto estaba dotado de equipos de seguridad no obligatorios, como control electrónico de estabilidad o alertas de colisión frontal; o bien, por disponer de fijaciones isofix para las sillas de niño. 

Los héroes de estas pruebas son los maniquíes o dummies. Estos, cargados de sensores, sufren los efectos de cada choque para entregar la valiosa información que llevará a los expertos a calcular las heridas que habría recibido un humano.

Hay modelos estandarizados que reproducen adultos y que están especializados para impactos frontales o laterales. Y también los hay de niños: uno maniquí estándar de un niño de 3 años y otro de un bebé de 18 meses.


Los datos duros

Una empresa sin fines de lucro basada en el reino Unido, llamada GlobalNcap, ha asociado a los más importantes institutos de evaluación con la meta de reducir a la mitad el número de víctimas fatales en accidentes viales en el mundo. La iniciativa, que tiene el aval de Naciones Unidas, empezó a ejecutarse en 2011 y espera lograr su meta en 2020.   

La cuestión es alarmante, ya que la seguridad vial es uno de los más importantes problemas de salud pública en el planeta. Cada año mueren en promedio 1,3 millones de personas en las carreteras del mundo. O sea, los choques matan más que la malaria. De hecho, es la principal causa de muerte de personas entre 15 y 29 años.

Las estimaciones de expertos señalan que si no se continúan mejorando las condiciones de seguridad en los automóviles de todo el mundo, especialmente en aquellos que se venden en países de menores ingresos, los traumatismos por accidentes de tránsito se convertirán de aquí a 2030 en la quinta causa de defunción más importante, con una tasa anual de mortalidad de 2,4 millones de personas.

De acuerdo a la Organización Mundial de la Salud (OMS), el 90% de las muertes en carretera se producen en los países de ingresos bajos y medianos, a los que solo corresponde el 48% del parque mundial de vehículos matriculados.

Según esta misma entidad, el simple hecho de que los pasajeros delanteros de un auto se abrochen el cinturón reduce el riesgo de muerte entre 40% y 65% y puede disminuir el número de fallecidos entre los ocupantes de los asientos traseros de 25% a 75%. Sin embargo, solo el 57% de los países exigen la utilización del cinturón de seguridad tanto en los asientos delanteros como en los traseros.

Una de las preocupaciones más importantes de las pruebas de choque es verificar la presencia y la eficacia de dispositivos de retención para niños (sillas para lactantes o niños), y que pueden reducir el número de defunciones infantiles entre 54% y 80%.

Pero según la OMS, menos de la mitad de los países cuentan con leyes que exijen la utilización de este tipo de dispositivos en los vehículos.

 

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