Lunes 15 de Julio de 2019

Opinión:
La ciudad del siglo XXI, smart y al servicio del ciudadano

En términos absolutos hoy no existe ninguna smart city. Sin embargo, muchas urbes trabajan para hacer realidad el concepto de ciudad inteligente. Viena, Nueva York, Tokio, Amsterdam, Toronto, Hong Kong o Barcelona son buen ejemplo de ello.  

Publicado: Jueves, 23 de Octubre de 2014

Óscar Pallarols, director del programa Smart Living de Mobile World Capital


Más de la mitad de la población mundial reside hoy en áreas urbanas, y según las estimaciones de Naciones Unidas, la cifra superará el 66% en 2050. Estas concentraciones en núcleos urbanos han acelerado la transformación de la urbe moderna hacia la ciudad inteligente, la smart city, que se alza como el paradigma de ciudad del siglo XXI.

No existe una definición consensuada acerca de lo que debe ser una smart city, pero podemos establecer que las ciudades inteligentes se construyen en base a tres niveles, que deben yuxtaponerse. El primero, los servicios urbanos y la gestión de las ciudades, es decir, infraestructuras, electricidad, parques y jardines, entre otros. El segundo, la ciudad como el espacio en que vivimos, el ámbito relacional entre los individuos (servicios sociales, salud, cultura, turismo). Y el tercer ámbito, que aborda el empoderamiento del ciudadano y el modo en que mejoramos las vías de participación ciudadana y la relación ciudadano-administración.

Ninguna urbe del panorama mundial alcanza la plenitud en los tres niveles, por lo que a día de hoy y en términos absolutos no existe ninguna smart city. Sin embargo, muchas ciudades trabajan para hacer realidad el concepto de ciudad inteligente.  Viena, Nueva York, Tokio, Amsterdam, Toronto, Hong Kong o Barcelona son buen ejemplo de ello. Son núcleos conectados, más sostenibles, que propician el ahorro energético y están orientados a la transmisión del conocimiento. Pero todos tienen todavía un largo camino por delante.

Barcelona, capital mundial del móvil, capital europea de la innovación e impulsora del City Protocol, avanza de forma notoria en estos tres niveles. La ciudad cuenta además con particularidades intrínsecas que contribuyen a su desarrollo. El orgullo de pertinencia de los barceloneses actúa como motor para la transformación y evolución de la misma. Esta actitud mueve hoy a Barcelona hacia un futuro más smart, pero ya marcó la diferencia en 1992 haciendo que los Juegos Olímpicos fueran también un movimiento ciudadano encabezado por voluntarios.

También es y ha sido fundamental el liderazgo y la visión de los diferentes equipos de gobierno de la ciudad, que han apostado por desplegar tecnología y proyectos propios. En el año 2000 nació el 22@Barcelona, el distrito de la innovación de la ciudad y uno de los proyectos de transformación urbanística más ambiciosos a escala europea. Barcelona destaca también por su capacidad como foco de atracción del interés privado, tanto a nivel de inversión como de generación de negocio.

Esta casuística particular, sumada a que la ciudad alberga desde 2006 el Mobile World Congress, hace que Barcelona se encuentre en el top 10 de smart cities a nivel mundial. Una situación que se evidencia en el día a día de la urbe y de sus ciudadanos.

Buena prueba de ello es el Plan Director de las TIC, que establece que todas las actuaciones en la vía pública deben desplegar infraestructuras de telecomunicaciones y sensorización -canalizaciones, routers o puntos de acceso. El Plan permite que los datos recogidos por los sensores se transformen en información útil para la toma de decisiones del Ayuntamiento. Y además, estructura el espacio público con los puntos de alimentación eléctricos necesarios para el desarrollo de cualquier servicio, racionalizando cometidas y puntos de suministro. Este Plan ya se desarrolla en Paseo de Gracia, el Paralelo o la Avenida Diagonal. 

Dentro del segundo nivel de las smart cities, Barcelona destaca, entre otros, por su apuesta por la salud y los servicios sociales, como la teleasistencia para personas mayores, con discapacidad o dependientes y con el que se presta servicio a más de 70.000 usuarios. O por mejoras en los servicios de emergencias y de turismo.

En cuanto al nivel vinculado al empoderamiento ciudadano, Barcelona es la única ciudad que ofrece el servicio de Identidad Digital en el Móvil para que los ciudadanos puedan realizar trámites en el Ayuntamiento. Mobile ID permite la identificación remota y segura a través de un ID y da servicio a más de 9.000 ciudadanos.

Barcelona apuesta pues por el desarrollo inteligente e integral. Como Mobile World Capital, es además un showroom que muestra al mundo la potencialidad de la transformación mobile en los entornos social, económico y cultural. mSchools, que fomenta la incorporación de la tecnología móvil en las aulas, o mReady, iniciativa que proyecta el futuro de los sectores turístico, de ocio y retail, son avances importantes en este camino.

El caso de Barcelona es único, pero muchas otras urbes trabajan en la misma dirección. Es fundamental trabajar de forma smart, coordinada y compartiendo conocimiento, pues de  ello depende el futuro de nuestros núcleos de convivencia. Y es que la premisa es clara: las ciudades del siglo XXI solamente existirán si logran ser inteligentes.

 

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