Jueves 21 de Junio de 2018

Opinión:
La innovación basada en ciencia como pilar del desarrollo



Publicado: Jueves, 24 de Septiembre de 2015

Por Dr. Óscar Bustos Castillo, vicerrector de Investigación, Desarrollo e Innovación de la Universidad de Santiago de Chile.


La investigación científica y tecnológica, sin duda, juega un papel crucial en el desarrollo de un país. En el caso de Chile, un 80% de la creación de nuevo conocimiento es realizado por instituciones de educación superior, las que tienen un gran desafío en la actualidad: traspasar los productos y servicios que desarrollan de manera efectiva a la sociedad y al sector productivo nacional. Lo anterior, significa incorporar funciones  de enseñanza, investigación y emprendimiento en las universidades chilenas, dando paso a las universidades de innovación, lo que permitirá que el quehacer científico alcance una mayor resonancia en el país.

De acuerdo a antecedentes de la Comisión Nacional de Investigación Científica y Tecnológica (Conicyt), a través de los "Principales indicadores cienciométricos de la actividad científica chilena 2012. Informe 2014: una mirada a 10 años", nuestro país a pesar de su reducido tamaño alcanza impactos y excelencia, que lo sitúan en una posición comparable con países de mayor tamaño relativo. No obstante, los resultados están directamente relacionados con la inversión que se destina a esta materia. Por ejemplo, el año 2014, los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) tenían un promedio de inversión en innovación de 2,4 puntos del Producto Interno Bruto (PIB), mientras que en Chile solo se invierte un 0,35. De esta cifra solo $3 de cada $10 son aportados por el sector privado, lo que hace necesario reforzar el trabajo entre la academia, la empresa privada y el Estado.


El desafío de la transferencia

Para llevar estos resultados al sector productivo y la sociedad es necesario institucionalizar el apoyo a la transferencia de conocimiento y tecnología. Una labor que se realiza a través de las Technology Transfer Offices (TTO), modelo anglosajón, o a través de las Oficinas de Transferencia de Resultados de Investigación (OTRI), denominación que se les da en la Península Ibérica. Un camino que varias instituciones nacionales han comenzado gracias al apoyo de entidades como la Corporación de Fomento de la Producción (Corfo), pues existe un absoluto convencimiento de que desde estos espacios académicos también se puede contribuir al crecimiento y desarrollo económico del país.

En nuestro caso, como Universidad de Santiago de Chile, hemos tomado una serie de decisiones institucionales, hace más de ocho años, para derribar las barreras en relación a temáticas como el emprendimiento, la innovación y la transferencia tecnológica, lo que ha significado definir políticas, reglamentos y procedimientos de propiedad intelectual, transferencia tecnológica, emprendimiento de base tecnológica y resolución de conflictos de interés, además de la elaboración de un plan estratégico y operacional para el desarrollo de una Dirección de Gestión Tecnológica (DGT).

Resultados que comienzan a verse paulatinamente. Cabe destacar que el Instituto Nacional de Propiedad Industrial (Inapi) destacó a la Universidad de Santiago de Chile como la segunda universidad chilena que durante el 2014 presentó el mayor número de solicitudes de patentes de invención, con un total de 23 patentes nuevas. A estas se suman cuatro nuevas solicitudes de patente de software presentadas en Estados Unidos. Un reconocimiento que será completamente satisfactorio en tanto podamos transferir estos resultados a la sociedad y a los diferentes sectores productivos, labor que será reforzada en algunos ámbitos por el Centro de Excelencia en Nanotecnología Fundación Leitat Chile, que recientemente se ha instalado en el país, y cuyo aporte permitirá dar saltos cualitativos en materia de innovación basada en ciencia y tecnología. Un socio estratégico internacional con vasta experiencia en vinculación con empresas, transferencia e innovación tecnológica del cual se podrá aprender la creación de valor sostenible a través de la investigación y los procesos tecnológicos, con la finalidad de repercutir de manera real en los diferentes sectores productivos del país. En el mismo sentido, la instalación de la Universidad de California Davis de EE.UU. a través del Centro de Excelencia Life Science, del cual nuestra universidad formará parte, asegurará la incorporación de tecnología de vanguardia aplicada a procesos productivos de interés nacional.

Para que estos esfuerzos realizados por las universidades chilenas sean satisfactorios, se requiere que el mundo empresarial incorpore la investigación científica local dentro de sus empresas o busque soluciones a sus problemas en estas entidades de educación superior.


 

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