Miércoles 19 de Junio de 2019

Residuos y contaminación:
Las molestas colillas de cigarrillos para el aseo y ornato de las comunas

Solo en el centro de Santiago se retiran 116 kilos de colillas de cigarrillo en un mes, es decir, 1,5 toneladas al año. Es una de las principales molestias para los departamentos de aseo.  

Publicado: Sábado, 30 de Julio de 2016

Las colillas de cigarros, los chicles, los papeles picados y los vidrios rotos son algunos de los desperdicios más molestos a los que deben enfrentarse los departamentos de aseo de las municipalidades.

Para combatir a las primeras, muchos municipios en el mundo han tomado fuertes medidas que implican infracciones para los transeúntes que las boten en la vía pública.

Por ejemplo, en la ciudad de Barcelona se prohíbe desde el año 1998. La prohibición de tirar colillas en la ciudad condal viene recogida en el artículo 21 de la ordenanza municipal, en el que se incluye un exhaustivo catálogo de comportamientos poco cívicos que merecen el reproche social.

Es sancionable no sólo tirar colillas, sino también chicles, que no pueden ser arrojados ni en el pavimento, ni en el suelo, ni dejados en el mobiliario urbano. También está multado arrojar residuos; hacer grafitis o dibujos en los espacios públicos, su mobiliario o las fachadas; lanzar publicidad ilegal; limpiar los vehículos en la vía pública y escupir o hacer las necesidades biológicas en la calle.

El año pasado se sumo París a la prohibición de botar colillas, una medida con la que pretende reducir la contaminación visual y medioambiental que generan esos residuos.

"Tirar un cigarrillo arruina el paisaje urbano y el marco de vida en común", indicó el Ayuntamiento de la capital francesa, que ya había anunciado esta medida hace meses. Sin embargo, hasta ahora la sanción era meramente verbal, para dejar tiempo a los ciudadanos a conocerla antes de que sean sancionados.

En octubre del año pasado se sumó la comuna de Santiago, en nuestro país, con una iniciativa más radical con respecto el tema en el marco del plan "No seas basuriento". De hecho, instaló una gran colilla en la Plaza de la Ciudadanía. Y anunciaban la instalación de 2.500 nuevos papeleros con una zona especial para apagar los cigarros antes de botarlos.

Fuentes de la municipalidad señalan que se recogen cerca de 1,5 toneladas de restos de cigarrillos anualmente.

Por lo mismo, el año pasado se anunció que se haría una fiscalización más severa y que podría llegar a multar a quienes fueran descubiertos arrojando basura en las calles del centro.

Según establece la Ordenanza Nº77 de la Municipalidad de Santiago -fechada el 23 de julio de 1998- sobre el aseo en la comuna, quienes sean sorprendidos arrojando papeles, o envoltorios de gomas de mascar cometen una falta leve, que se traduce en una multa de entre 0,5 y 1 UTM.

Esto significa que si una persona va caminando por alguna calle de Santiago y es sorprendido botando un papel fuera de un basurero, podría recibir una sanción de entre $22.862 y $45.724.

En otros países como Austria, Singapur y Australia, existe la posibilidad de extender una multa directamente en la calle a quien tira una colilla, o hacer una denuncia formal en casos más graves.

Ahora en Canadá y Estados Unidos, el botar colillas se puede sancionar, en ciertos casos, con pena de prisión o complementada con servicio comunitario de algunas horas.


Efecto nocivo

Pero, ¿por qué es tan despreciada la famosa colilla de cigarrillo? Porque, a pesar de su apariencia, los filtros no son biodegradables, están fabricados con acetato de celulosa, que tarda más de cien años en degradarse de forma natural.

Ahora, el problema básico no radica en el tiempo que perduran estos residuos, sino en la toxicidad que acumulan. El filtro de las colillas está diseñado para acumular los componentes del tabaco, incluidos los químicos más nocivos, que son liberados en contacto con el agua. Por lo tanto cuando llegan a los ríos o incluso al mar, sueltan estas sustancias, lo que supone una grave amenaza para la biodiversidad.

Al respecto, la Universidad de Longwood, Estados Unidos, realizó un estudio sobre el efecto de los elementos liberados de colillas sobre la pulga de agua, crustáceo base de la cadena alimenticia en ecosistemas de agua dulce.

Para concentraciones de menos de 0,125 colillas por litro, las pulgas de agua mueren en menos de 48 horas. Una colilla provoca la contaminación de ocho litros de agua.

 

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